
Antes de irme del pueblo para metropolizarme , con la que en ese momento era mi pareja, tube el dudoso placer de efectuar la enésima mudanza con mi familia.
El piso al que iríamos era mejor en muchos aspectos , sin duda , pero los mejores momentos de mi vida , al menos hasta ese momento, los había pasado en el viejo.
Siempre he pensado que mi vida ha estado marcada por los maestros que he tenido. Entiéndase maestro como persona a la que escuchas con entusiasmo , respeto y admiración.
Hoy me he topado , de casualidad , con uno de ellos: mi antiguo vecino.
Era un dinámico octogenario , aficionado a largas caminatas , a la limpieza casi compulsiva (limpiaba los billetes que le daban en la pescaderia... colgados en el tendedero tenian su grácia!) y a las conversaciones sin prisas.
Mas de una tarde nos sentábamos , cada uno en la escalera de su patio , a discutir sobre esto y aquello. La lucidez , la sencillez , la encantadora manera que tenia de presentar sus vivencias como historias era realmente admirable, no es fácil para un anciano seducir las orejas de un adolescente.
Poco antes de que nos mudáramos una calle mas abajo (o mas arriba, no sé...) mi vecino y su esposa se fueron a vivir a la capital.
Recuerdo haberlo encontrado poco después , caminando a paso ligero por la ciudad y salir a su encuentro para saludarlo. Se emocionó.
Quizás por esa razón o por la preconcepción de según que cosas uno deja de hacer lo correcto.
Porqué digo esto?
...
Durante todos estos años me crucé dos veces mas con el, pero quizás por miedo a que no me reconociese , quizás a la vergüenza o seguramente a mi evidente inmadurez disfrazada nunca mas le dirigí la palabra.
Aquella vocecita , loro cabrón de la conciéncia , me avisó esta mañana, fué al verle .
- Hombre ! El señor Antonio !
Eso dijo mi vocecita, y como el niño que tira de la mano de papá para llamar su atención mi corazón latió sonoramente, dándole permiso a esta para tomar el control de la situación:
Nos cruzamos, pero él no se percata de mi preséncia. Me paro.
-Señor Antonio?
El se para y se gira. Me mira en silencio mientras le tiendo la mano.
-Hombre! -Exclama. Encajada de manos.
-Se acuerda de mi?
-Claro. Tu eres Carles Sastre.
Me he quedado de piedra.
Hemos mantenido una breve pero cordial conversación, como siempre he aprendido muchas cosas, me ha dado otra gran lección.
Esta vez sin histórias, sin escaleras ni patios. Simple pero auténtico. Han pasado diez años pero me he sentido intelectualmente a años luz de el... he tardado mas de cinco horas en recordar el nombre de su mujer! Y desconozco el apellido del señor Antonio...
Al despedirme de el he tenido aquella agradable sensación. Episodio finalizado, un punto mas que San Pedro me pone en su registro, unas cuantas respuestas a preguntas nunca formuladas.
Sin duda también ha generado preguntas en mi interior.
Gracias maestro, hasta siempre.
En la foto el poeta Marius Sampere.
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